Crítica teatral: “Mentes Salvajes”, creer que en una mentira un mundo cabe

23 | 06 | 2020
Crítica teatral: “Mentes Salvajes”, creer que en una mentira un mundo cabe

Por Constanza Alasevic


El confinamiento ha llevado a una situación crítica al teatro, con el cierre de todas las salas, y aunque en un futuro se controle la masificación de los contagios, la forma de habitar el espacio teatral será distinta, la capacidad será limitada y se impondrá el distanciamiento entre las butacas de los espectadores. En este contexto, con los escenarios cerrados, las compañías teatrales han generado nuevas alternativas para difundir sus creaciones, una de ellas es la transmisión de los montajes previamente grabados y la creación de los nuevos proyectos a través de la plataforma Zoom.

El marco teatral actual no solo presenta problemas económicos por la escasa respuesta del gobierno ante la emergencia sanitaria que obliga a los artistas a concursar para obtener ayuda, sino que también la nueva posición de la audiencia al presenciar teatro que dificulta la conexión entre la creación y quien lo observa. Como espectadores estamos obligados a observar de manera rectangular todas las escenas, ahora la cámara nos dice qué debemos ver y desde qué perspectiva. Aunque pareciera que tenemos el control total al adquirir habilidades nuevas: pausar, avanzar y repetir, fuimos sustraídos de muchas libertades: no podemos mirar hacia otro lado, saber de qué color es el piso, observar al iluminador o los tramoyas, mirar a la persona que tengo al lado, percibir errores que serán corregidos en la siguiente función, etc.

El “ojo” online nos entrega capacidades que los nuestros no poseen naturalmente tales como hacer primeros planos, observar a un solo actor mientras los demás quedan fuera del encuadre, tener una visión desde arriba, abajo, al medio, según se requiera, entre otros.

Sin embargo, las nuevas creaciones se oponen ante la precariedad laboral y buscan que sus mensajes apunten a la reflexión y a la construcción de otras lecturas. Se ha logrado percibir un cambio en las temáticas teatrales. Antes del confinamiento, la mecánica principal de muchas obras era hablar sobre el pasado, la ausencia de memoria y presentar a la obra como resistencia al olvido; actualmente se ha manifestado un creciente interés por la historia del presente.

Mentes Salvajes es la primera producción de GAM este año, el montaje online es realizado en la plataforma virtual Zoom, es protagonizada por los actores Paulina Urrutia, Héctor Noguera, Natalia Valdebenito, Francisca Gavilán y Gabriel Cañas y dirigida por Víctor Carrasco.

La pieza trata de cinco adultos reunidos en una sesión online en la cual hablan sobre su problema en común, la “ensoñación excesiva”. Trastorno que consiste en fantasear gran parte del día con situaciones externas a las que se está viviendo de manera compulsiva y sin que el sujeto pueda modular su actitud, se diferencia con el “sueño despierto” en que no es producto solo de la distracción o preocupación por algo específico, sino que la persona tiene una rutina con ese mundo imaginario y agrega elementos en él a medida que pasan los años. Cada personaje sentado frente a la cámara, cuenta su historia, su manera de lidiar con el síndrome y el deseo de superarlo, mientras que los demás lo escuchan, lo comprenden y le brindan fortaleza para salir adelante.

Al igual que en Alcohólicos Anónimos o una fundación de ayuda similar, las charlas siempre son estáticas y se sustentan en el diálogo, por lo tanto, que la obra se realizara en formato digital no presentó mayores dificultades en la entrega y proyección de su mensaje. El escenario quieto y el carácter testimonial dieron una atmósfera más íntima.

Si nos detenemos en el amplio aspecto de la trama, se pueden desmenuzar varias ideas respecto a la ensoñación excesiva. Primero, la conciencia creadora transforma el sitio del sueño en la vida paralela, deseo o vía de escape que el sujeto oculta y muy pocas veces lo comparte. La materia onírica poco a poco se va fortaleciendo y se vuelve sólida en la mente de los personajes. Segundo, el desánimo de los protagonistas cambia cuando llega el turno de hablar, en sus ojos brilla la alegría de sus construcciones, pero mantienen la vergüenza de relatar algo tan ridículo. De alguna forma, el espacio creador de la ensoñación y su relato, pone en evidencia que el ser que sueña y el ser que cuenta nunca es el mismo.

La gran pregunta es por qué se escogió este tema como primera apuesta en el formato digital. Aunque se muestre el trastorno como algo negativo uno de los intérpretes trató de señalar algo positivo, pero fue callado rápidamente. En el contexto de la pandemia, ¿será necesario habitar esos ensueños que todos alguna vez tuvimos para recordar quiénes somos? Poder vivir otras vidas, aventurarnos en lo lejano, conocer otro tipo de seres, creer que en una mentira un mundo cabe. La obra no juzga ni establece qué camino seguir, propone la posibilidad de sentir la productividad psíquica de la imaginación en una circunstancia tan incierta como la que se está viviendo actualmente.

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