Lunes , 20 Noviembre 2017
marily

Ya estrenamos… ¿Y ahora qué?

Durante meses tenemos una fecha en el panorama, nos concentramos en ella más que en cualquier otra cosa, la tenemos como deadline circulada con rojo en nuestros calendarios, hacemos todo para llegar a ella con dignidad. Trabajamos todo el día, todos los días, seguimos de madrugada, arreglamos cosas, acomodamos otras, cambiamos más. Hacemos calendarios, los volvemos a hacer, les ponemos más cosas, les tachamos otras. Estamos al borde de la psicosis, no sabemos ni en qué día estamos, ni cómo nos llamamos… hasta que un día llega… EL DÍA DEL ESTRENO.

Éste día se rodea de estrés, de alegría, de glamour, de una sensación de liberación deliciosa. Todo sale de maravilla, todos nos felicitan, nos besan, nos abrazan;  todo nuestro esfuerzo, nuestro sudor, hasta nuestra sangre se materializa en una función que todos esperamos desde el primer día. Hora de abrir la champaña.

Y al día siguiente despertamos, llenos de alegría, todos adoloridos, con un poco de cruda, dolor de cabeza  y decimos… ¿y ahora?

Curiosamente, ahora viene lo más pesado de toda obra de teatro. Mantenerla en temporada, es decir, vender los suficientes boletos para sacar los gastos que nuestra obra requiere y tener utilidad (aunque sea mínima) semana a semana. Se dice muy fácil: elaborar un plan de marketing, dejar que el boca a boca haga lo suyo, llenar las butacas, invitar a todo el mundo. Pero… ¿cómo lo hacemos?

Uno de los errores más grandes que hacemos los teatreros (y las personas) es dejar todo al último minuto, o adoptar la filosofía: “cruzaremos ese puente cuando lleguemos a él”. Ésta, aunque es una muy sabia filosofía, no es aplicable para las estrategias publicitarias o de difusión que se deben implementar al día siguiente del estreno. Es un error esperar al día después del estreno, para ver cómo viene la taquilla, y entonces tomar acción. Para entonces, podría ser demasiado tarde.

Estas campañas de las que hablamos, éstas estrategias, deben dividirse en dos partes. La primera es la que prepara todo al día del estreno: cómo le comunicamos a la gente la obra, de qué trata, dónde será, cómo se ve, a quién le interesa… etc. Usualmente en ésta etapa, es común tapizar la ciudad con nuestra publicidad. Ir a entrevistas en el radio, en la TV, atacar las redes sociales con nuestro arte. Todo lo que necesitemos hacer para que la gente tenga en la mente que hay una obra: la nuestra, y tenga curiosidad de saber más sobre ella, para entonces ir al teatro y pagar un boleto.

La segunda parte es cómo hacer éste producto atractivo para la gente, cómo hacerlos levantarse del sillón e ir al teatro, cómo logramos que nuestra obra resulte más atractiva que toda la amplia cartelera que existe hoy en día. (Recordando que esto es una vez que la obra ya está en cartelera). Ésta parte es muy delicada, ya que una vez que estrenamos una obra, nos encontramos esperando el resultado de un gran volado que indica si la obra gustará o no gustará, lo que es totalmente proporcional a si tendrá una larga temporada… o no tanto. De ahí necesitamos que haya una planeación de cómo comunicarle a la gente por qué les encantará nuestra obra , y por qué la van a recomendar. Hay que enamorarlos de nuestro proyecto, de la misma manera en que a nosotros nos apasiona. Pero antes… necesitamos saber cómo hacer que vayan a taquilla  y compren su boleto.

Y cómo lo he dicho. Se dice fácil, pero requiere de meses de planeación y ejecución para que estas estrategias den frutos. Al final del día, son estrategias y debemos planear cada paso de ellas.  Recuerden que la producción es 80% planeación (y 20% resolver problemas).

Esto de lo que hablamos aquí arriba es la envoltura del regalo. Por supuesto, el contenido, o sea el regalo, es nuestra obra de teatro. Pero ¿qué pasa con el ambiente dónde vive nuestro regalo?

Charles Marowitz, en su libro “How to stage a play, make a fortune, win a Tony, and become a theatrical icon” (“Cómo poner una obra, hacer una fortuna, ganar un Tony y convertirse en un ícono del teatro”) menciona que el ego en el teatro viene en 3 tamaños: Grande, Gigante y Monstruoso. Y aquí, en éste punto, está el meollo del asunto.

Las grandes temporadas se terminan en camerinos. ¿A qué me refiero? Que está en la naturaleza humana pelear, desesperarse, y no saberse comunicar. Si empieza a haber situaciones, por muy pequeñas que sean, que no se controlan… éstas crecen como una bola de nieve y pueden destruir todo a su paso.

Si no tenemos cuidado, si no tenemos la sensibilidad para oler el peligro, y detener los malos entendidos que usualmente son la base de todos los problemas, en el instante en el que surgen, entonces todo ese maravilloso mundo que creamos en escena, el cual hemos alimentado, vestido y cuidado durante todos esos meses de pre-producción (es decir, todo ese tiempo ANTES del día del estreno), pueden caerse de un momento para otro, sin mayor aviso.

Cuando la gente pelea, lo más sano es meterlos a un cuarto hasta que arreglen sus diferencias. Si dejamos que los pleitos y los descontentos crezcan y los dejamos desatendidos, entonces cuando volteemos la cara, es imposible controlarlos. Y la mala vibra, los enojos, los malos entendidos y el descontento se ven en escena. Cuando la energía en camerinos es mala, la energía en escena será igual. Existe la idea que cuando los actores son profesionales, estas cosas no deben pasar a escena. Y estoy de acuerdo, no, no deben verse en escena. Pero los actores y actrices también son personas, y no todo el mundo sabe dividir el trabajo de lo personal. Por lo tanto, nosotros como productores, como los papás de las obras, debemos detener éste tipo de circunstancias en seco, no podemos permitir que crezcan, y tenemos que estar conscientes que trabajamos con seres humanos, los cuales tienen sentimientos, y además… siempre, siempre, recordar las sabias palabras de Charles Marowitz: “el ego en el teatro viene en 3 tamaños: Grande, Gigante y Monstruoso”.

La conclusión es que el productor (o la productora) se encarga de lo que pasa sobre el escenario, afuera del teatro y adentro del teatro. Sobre sus hombros recae el peso de que nuestro proyecto siga avanzando. En nuestras manos está la capacidad de decidir el camino que se debe tomar. Y así como cuando uno, al salir de roadtrip le pone gasolina al coche, aire a las llantas, carga la pila del ipod, y compra papitas y refrescos para los que vienen con él (y así tener un viaje placentero)… el productor debe asegurarse de que su obra esté bien comunicada, bien arropada, y bien cuidada desde adentro.

marily

Acerca de Pamela Vidal

Pamela Vidal
Licenciada en Literatura Dramática y Teatro, UNAM, México | Coordinadora General de Producción, OCESA Teatro | Maestra de Diseño y Producción.

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