Lunes , 20 Noviembre 2017

Por el día mundial del teatro

Me gusta pensar que en el teatro convergen los tiempos y los espacios. Hago teatro día a día para darle un sentido a mi vida o porque el mismo me da sentido. Este arte particular me maravilla y no deja de sorprenderme y emocionarme. Muchas cosas me emocionan, pero solo el teatro me toca el alma, quizás porque cuando veo que el suceso teatral acontece la chispa humana crece. La ficción es siempre real, y sucede de manera tan concreta que se vuelve peligrosa. Por eso el teatro es una herramienta para los cambios del mundo.

A veces paso horas mirando el cielo y reflexiono acerca del hecho teatral como un suceso tan grande que no nos pertenece o es tan nuestro que se eleva por sobre nosotros a la surrealidad, a esas dimensiones de la vibración universal de donde todo proviene.

Soy actor pero ejerzo como director. Siempre he sido actor porque quiero dirigir. La dirección es un camino de búsqueda constante para conseguir momentos de belleza efímeros, y he allí la tragedia de nuestro oficio, siempre acaba en lo que fue antes de ser en escena, una imagen en la cabeza. Estas imágenes nos pertenecen a tal punto que solo las recibimos desde un lugar mayor, porque alguien ya lo hizo en otro punto del globo, en otro tiempo, en otras lenguas. Y es aquí cuando me siento más feliz de hacer teatro, saber que no estoy solo, sino que la practica de lo que hago, independientemente de la forma, técnica y estética, es al final una herencia de siglos y siglos de teatristas del mundo, y me gusta pensar que el pisar un escenario es un hecho antropológico.

Cuando piso un escenario para dirigir trato siempre de estar descalzo. La escena es para mí como la mesa puesta para las comidas familiares, no se le puede ensuciar. También estoy descalzo para poder conectarme con mis muertos, crear ese canal de conexión hacia la tierra que también es hacia el cielo. Me gusta imaginar que cuando dirijo y algo aparece en frente, uno de los directores del pasado se encargó de susurrármelo al oído para que pudiese afinar la mirada, que uno de ellos se encargó de mostrarme una posibilidad para que lo que en escena acontece fuese mucho más intenso.

Creo que un escenario en si mismo posee la sabiduría de todos los teatros de todos los tiempos, y que es por esta razón, precisamente, que cuando un grupo de teatro escolar representa, que cuando una comunidad vecinal recrea la crucifixión, que cuando un grupo de profesionales monta un espectáculo político, todos tienen muchas veces imágenes similares, muy teatrales y muy potentes, pero su grado de técnica y profundización en la ejecución es lo que cambia, y esto, para mi, sucede solo porque el escenario mismo hace aparecer aquello que está oculto, las imágenes de otros tiempos para que sean revividas una y otra vez.

La teoría del tiempo-espacio me fascina. Me sumerjo en ocasiones en cuestionamientos acerca de la realidad y los tiempos. Me emociona mucho pensar que, si la teoría tiene razón, y hay muchos tiempos y muchos espacios en paralelo desde la horizontalidad y no desde la linealidad, en el momento en que como actor piso la escena, otros actores en otros lugares lo hacen en el mismo momento conmigo, y eso me da fuerza, me llena y me vacía al mismo tiempo, eso me da animo para seguir haciendo y no parar, porque sé que estoy con otros, y que nos encargamos de proteger los fuegos de la humanidad para que otros humanos tengan la posibilidad de ver el mundo con ojos que se sorprenden, con imaginación, con amor, con emoción.

El Teatro es para mí un ejercicio de vida constante que va mucho más allá de montar una obra, de escribir un texto o de enseñar la técnica a alguien. Si solo fuese eso estaría muerto, y creo que no es así, que es mucho más y que aún quedan muchos misterios por develar, muchas vidas por vivir y muchos teatros por descubrir.

Celebremos hoy el teatro, porque en este momento millones de personas alrededor del globo lo están haciendo con nosotros, y eso nos mantiene unidos y conectados con lo humano.

Acerca de Fernando Montanares

Fernando Montanares
Director de la compañía MB2 y Centro MB2 para la experimentación de las Artes en Arica. Nostálgicamente romántico, trágicamente posmoderno.

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